Lo que no veo cuando vapeo: SEICAP alerta sobre los riesgos de los cigarrillos electrónicos en adolescentes

El consumo de cigarrillos electrónicos también conocido como “vapeo”, ha experimentado un importante aumento en los últimos años. El cambio cultural en torno al tabaco dejó un hueco en la industria que junto a la reconfiguración de la percepción de riesgo, impulsó al vapeo como sustituto del cigarro. Muchos jóvenes ven el vapeo como inofensivo e incluso durante varios años se utilizó como salvavidas del tabaco, potenciando su uso en aquellas personas que querían dejar de fumar.  

En 2024 la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó su Informe de Prevalencia del Consumo de Tabaco 2000-2024 y Proyecciones 2025-2030 que deja ver cuestiones alarmantes ya que casi 15 millones de jóvenes de entre 13 y 15 años se encuentran consumiendo activamente cigarrillos electrónicos, superando en algunos de los 85 países encuestados a la prevalencia de consumo de los adultos.  

Los especialistas del Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP) han alertado del avance de los nuevos productos de tabaco que están “enganchando” a las nuevas generaciones, permitiendo contactos precoces con productos con nicotina sin percepción del riesgo. Desde el GECP se destaca, no sólo el gran avance del vapeo, sino también su acceso temprano ya que, más del 54 % de los adolescentes de entre 14 y 18 años ya ha vapeado y el 25,2 % de los jóvenes de entre 12 y 13 años ha usado alguna vez estos dispositivos.  

Los cigarrillos electrónicos llegaron a Europa en 2006. Se trata de un tipo de sistema electrónico compuesto por un cartucho que contiene un líquido, un atomizador (cámara de vaporización con elemento calefactor) y una batería. El usuario activa el atomizador inhalando o pulsando un botón, dependiendo de las características del dispositivo. Tras la activación, se calienta y aerosoliza el líquido del cartucho, creando un aerosol que emula, pero no es humo de tabaco. Dicho aerosol no es inofensivo ya que puede contener nicotina y sustancias químicas dañinas como propilenglicol/glicerol, saborizantes, aromatizantes y metales pesados como el níquel, estaño y plomo.  

Ya se sabe que la nicotina tiene un alto poder adictivo y que su consumo a edades tempranas puede ocasionar daños en el desarrollo del cerebro, afectar al aprendizaje, la memoria y la atención y aumentar el riesgo de adicción futura al tabaco convencional y a otras drogas.  

Por otro lado, muchas de estas sustancias químicas son cancerígenas y pueden provocar daño pulmonar importante como la EVALI (lesión pulmonar asociada al vapeo) descrita por primera vez en 2019 en Estados Unidos, definida como enfermedad respiratoria aguda o subaguda que puede ser grave y potencialmente mortal (en el estudio estadounidense, de los 2800 casos descritos desde 2019 hasta 2020, se registraron 68 muertes por dicha causa). 

Nos encontramos ante una era en la que el vapeador, con su apariencia inofensiva se ha instalado como dispositivo de inicio al tabaquismo en los adolescentes sin tener en cuenta lo efectos nocivos sobre la salud. Estamos ante un problema no sólo de salud sino también social, y es por eso que nuestro objetivo es claro, debemos garantizar y promover campañas contra el vapeo con el fin de dar a conocer entre los más jóvenes los efectos a los que se exponen con su consumo, consiguiendo una concienciación por su parte con el fin de cuidar su salud en el presente y en el futuro puesto que no debemos olvidar que el joven de hoy será el adulto de mañana.  

Desde SEICAP queremos hacer hincapié en el problema de salud que supone el consumo de cigarrillos electrónicos en la población general y en la adolescencia en particular. El Grupo de Trabajo de Alergia en el Adolescente propone la campaña “lo que no veo cuando vapeo” con el objetivo de concienciar y educar a los jóvenes sobre los riesgos del vapeo en la salud.